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20/1/11

¿Que significa Arguedas para el Perú?


Al cumplirse el centenario del nacimiento del escritor nacional José María Arguedas. Injustamente, este hecho no fue considerado significativo por el Presidente Alan García para nombrar el 2011 como el año de Arguedas.


La posibilidad de dedicar este año a nuestro escritor tampoco encontró eco en nuestros padres de la patria ya que, por el contrario, un grupo de ellos recomendó al Poder Ejecutivo nombrar al 2011 como el "Año del Centenario de los Submarinos en el Perú". Finalmente, el Presidente García ha señalado que el 2011 será el “Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo”. ¿Qué temas pone en el tapete Arguedas que parecen incomodar al Presidente García?


José María Arguedas fue un novelista y antropólogo peruano que, como señala Rodrigo Montoya, vivió y sufrió con gran intensidad el drama de ser peruano, en un país de “todas las sangres”, propiedad de los criollos, descendientes de españoles.

Arguedas, quizás como ningún otro escritor, entendió y describió el grave conflicto entre “señores e indios”. Este es un conflicto que aún nos marca y que separa a unos peruanos de otros porque no está resuelto. ¿Acaso olvidamos el desprecio con que llamó el Presidente García a nuestros hermanos amazónicos diciéndoles “perros del hortelano”?


Por esto, “Todas las sangres”, su última novela publicada en vida, es la gran metáfora sobre la diversidad cultural que caracteriza al Perú.

Estos ideales no son arcaicos, señala Carmen Pinilla, estudiosa de su obra, ya que no propugnan un regreso al pasado sino más bien tomar valores del pasado, que existen en las poblaciones actuales, heredadas del pasado incaico, y que esos valores tengan una utilidad en el futuro.

Por esto, señala Pinilla, los dos grandes objetivos de la vida de Arguedas fueron mostrar una realidad desconocida (o mal conocida por los prejuicios) y luego golpear como un río la conciencia del lector


Arguedas escribió “Yo no soy un aculturado, yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua”. Para Rodrigo Montoya, Arguedas estaba convencido de perfeccionar los medios para entender este país tan diverso, tan múltiple en variedad terrena y humana.

Más allá de empujar una ideología política para cambiar el país fue una actitud de solidaridad, de defensa de los valores morales y artísticos de los pueblos indígenas.


A partir de esta injusticia cometida con Arguedas se ha originado todo un movimiento para conmemorar los 100 años de su nacimiento. Los festejos se iniciaron el domingo en Andahuaylas, donde se izó la bandera y hubo un desfile cívico.

En el Club Andahuaylas, se presentó la revista de la Universidad Nacional de Andahuaylas José María Arguedas y la inauguración de la exposición “Legado arguediano”.

En Lima, hoy, desde las 7 pm, el Ministerio de Cultura y la Comisión del Centenario del Natalicio de José María Arguedas inaugurarán la exposición “Arguedas y el arte popular: Colección de Alicia y Cecilia Bustamante”, en el Centro Cultural de San Marcos.

En tanto, un grupo de intelectuales, ha logrado que se publique la obra antropológica y literaria de Arguedas en varios tomos, que posiblemente vean la luz a mediados de mayo.


En conclusión, celebraremos el centenario del nacimiento de José María Arguedas de la misma manera como han sido su vida y su obra: reivindicando todas las sangres en conflicto con las visiones criollas que han buscado persistentemente marginarlo de la cultura nacional.

12/1/11

Arguedas: 100 años


Por Antonio Zapata

El escritor José María Arguedas fue asimismo etnomusicólogo. A lo largo de su vida, se nutrió de ambas disciplinas para crear una de las mayores obras artísticas y de reflexión fundadas en el indigenismo. Pero es mucho menos conocida la tercera rama de sus intereses, que fue la educación. Sin embargo, trabajó mucho en esta profesión. En efecto, comenzando los años cuarenta y por una década entera, fue maestro de escuela tanto en la sierra como en la capital. En ese período, formuló ideas sobre interculturalidad y escuela rural que resultan de una sorprendente modernidad.

En Canto Quechua Arguedas recuerda su biografía, enfatizando los numerosos viajes de su niñez, acompañando a su padre que trabajaba como abogador itinerante, cargando con el futuro escritor y su hermano. Recorrieron extensamente sierra y costa: Ayacucho, Cusco, Apurímac e Ica aparecen frecuentemente frente a sus ojos infantiles y adolescentes. De esa experiencia, unos años después, recordaría las enormes diferencias sociales que dividían al Perú. No había suficiente unidad nacional; por el contrario, predominaba la hostilidad entre las partes constitutivas del país.

Luego, estudió en la universidad de San Marcos y al terminar fue nombrado profesor en el colegio Mateo Pumacahua de Sicuani. Antes de partir, contrajo matrimonio con Celia Bustamante, una reconocida folklorista y animadora de la peña cultural Pancho Fierro. En Sicuani, Arguedas estuvo muy ocupado, produciendo una reflexión sistemática sobre la enseñanza del castellano en los Andes y un valioso conjunto de trabajos que impulsó con sus alumnos.

En un artículo analiza la angustia lingüística del mestizo andino, atrapado mentalmente entre dos idiomas: castellano y quechua. De acuerdo a su parecer, el mestizo piensa en quechua, pero desea hablar en castellano, porque sabe que es el idioma del futuro. En este escrito, propone una solución y no se detiene en lamentaciones; consiste en apoderarse del castellano y transformarlo, modificando su sintaxis e introduciendo nuevos vocablos provenientes de las lenguas indígenas; para lograr un producto nuevo, un castellano renovado, susceptible de expresar el alma andina.

A partir de entonces, José María Arguedas defiende un nuevo método de enseñanza para el mundo rural. Sostuvo que el niño campesino debe ser alfabetizado en su propia lengua, que posteriormente debe aprender a leer también en su idioma. Solo cuando hubiera empezado a leer fluidamente era posible introducirlo al aprendizaje del castellano.

El niño andino ha de aprender en quechua el hábito de la lectura y nunca más lo abandonará. El punto de partida es comprender bien lo que se lee. Por lo tanto, necesariamente se obtiene en la propia lengua materna. Caso contrario, si el niño rural era alfabetizado directamente en castellano, al salir de la escuela, olvidaría lo aprendido.

Arguedas muestra que el desprecio de la lengua materna de los alumnos corresponde a la enseñanza de los imperios opresivos, que imponen a la fuerza sus costumbres sobre los pueblos derrotados. Pero, que ese autoritarismo no se condice con la pedagogía moderna, que busca la igualdad de oportunidades entre los niños de la nación.

Por lo tanto, defiende el llamado “método cultural”, cuya intención es castellanizar amablemente, sin la inútil imposición que se habría practicado hasta entonces. Concluye sosteniendo que se vivía una hora urgente del país, porque los indios estaban afanados buscando su lugar en la peruanidad. Aunque al escritor lo angustiaba que el Perú no cumpliera su cita con la historia, confiaba que la escuela impulsaría esa imprescindible incorporación del indio a la nacionalidad, caso contrario sobrevendría un holocausto.